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Organizando Fiestas para ver el Debate Presidencial: Divertida Forma de Recolectar Fondos de Campaña



En los últimos años, los debates electorales televisados se han convertido en oportunidades que todas las campañas tienen para reunirse con sus simpatizantes, atraer nuevos seguidores y recolectar fondos. Estas "Fiestas para ver los debates", conocidas en inglés como: "Debate Watching Parties", son tan populares en Estados Unidos como el Super Bowl y otras grandes finales deportivas. Inclusive organizaciones políticas, como la Liga de Mujeres Votantes ("League of Women Voters") ya ofrecen guías a sus afiliados para organizar estos eventos. A continuación, se presentan algunas sugerencias para planificar estas fiestas y ser un anfitrión exitoso, incluyendo ofrecer en la carta hasta los licores preferidos de los expresidentes en este país.

Defina el sitio de la reunión


Posiblemente los mejores sitios para ver los debates presidenciales en los Estados Unidos, tradicionalmente han sido, y aun ahora lo son, los bares aledaños al Congreso, en el sector de Capitol Hill en Washington DC. Estos establecimientos comerciales con muchos monitores, usualmente proyectan eventos deportivos y son frecuentados por personas que trabajan en política, quienes en época electoral se reúnen allí para seguir estos encuentros. Ellos con sus comentarios, risas y hasta gritos, aportan lecturas muy particulares sobre los temas que los candidatos discuten en pantalla.



Aunque en estos bares se inició la tradición de seguir los debates en lugares públicos, hoy en día no es raro que también se congreguen muchas personas a ver estos eventos desde otros lugares como sedes de campañas, salones en universidades o clubes y hasta en el patio de la casa de un amigo. Si la idea es recaudar fondos para una candidatura se requiere que los asistentes hagan un pago de ingreso y de consumo mínimo.


Siempre es buena idea invitar a los participantes a que lleguen, al menos, con media hora de anticipación a los debates, para así poder tener oportunidad de intercambiar ideas y estar organizados para cuando el evento comience.


Cabe señalar que en tiempos de covid-19 algunas de estas fiestas se hacen vía zoom, sin embargo, las reuniones presenciales, aun ahora, siguen siendo bastante populares en los Estados Unidos.




A quién invitar a estas fiestas para ver los debates


La liga de mujeres votantes recomienda convocar a muchas personas de diferentes grupos que los organizadores conozcan. Por ejemplo, miembros de su club literario, compañeros de la universidad, vecinos, amigos con los que comparte otras actividades, etc. Si asisten personas con diferentes posiciones ideológicas, es importante establecer desde un primer momento reglas claras de discusión para que esta actividad sea entretenida y respetuosa. Una exitosa reunión no solo es una buena oportunidad para fortalecer los lazos de amistad con los seguidores de un candidato, sino también para atraer a nuevas personas que a futuro puedan integrar el grupo político.



Bebidas, alimentos y suvenires



Si el objetivo es recaudar fondos para una campaña, adicionalmente del pago para ingresar al evento y del consumo mínimo, se deben tener ofertas de bebidas, alimentos y suvenires con lo cual se espera incrementar los recaudos en la medida en que transcurra el debate.


No es raro que estos eventos se desarrollen en salones decorados con temáticas políticas y que su menú enfatice el carácter electoral de la reunión. Desde las galletas y ponqués con decoraciones partidarias, con figuras como el burro y el elefante, símbolos de los demócratas y republicanos, hasta una carta con las bebidas alcohólicas favoritas por sus líderes más conocidos. Por ejemplo, el trago preferido de Obama es la cerveza con sabor a miel, Hillary Clinton prefiere el Vodka Martini, Jimmy Carter se inclina por el vino blanco, y Ronald Reagan acostumbraba el vino o un coctel llamado "Orange Blossom Special" que incluye vodka, vermut y jugo de naranja.


Posiblemente esta es la primera vez en la historia de los Estados Unidos en que ninguno de los dos principales candidatos toma bebidas alcohólicas. Se sabe que Trump es fanático de la Coca-Cola dietética, mientras que Biden en ocasiones se toma una Buckler (marca de cerveza sin alcohol).


Para más información sobre las bebidas alcohólicas favoritas de los presidentes a lo largo de la historia en los Estados Unidos, se invita a ver el vídeo a continuación: "Presidential drinking habits" (4:05 minutos)



Tome muchas fotos durante la reunión


Adicionalmente a recolectar fondos, la fiesta para ver el debate electoral constituye un evento que puede servir para promocionar la candidatura del anfitrión de la reunión en las redes sociales. Por esto se aconseja sacar muchas fotos de la ocasión para publicarlas en Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat y otros medios.


Fuera de saludar, sentarse y solicitar alimentos y bebidas, una buena fiesta para seguir los debates debe tener planificadas otras actividades previas al encuentro, durante el mismo y posteriores a la transmisión.


Aunque es muy interesante escuchar los pronósticos y otros comentarios que hacen los periodistas y analistas por televisión sobre lo que puede pasar durante estas confrontaciones, algunas de estas reuniones prefieren bajarle el volumen a los televisores y darle la oportunidad a los organizadores del evento a dirigirse a la audiencia. En otras ocasiones, se programan juegos grupales como Trivial, donde se le hacen preguntas básicas de política a los participantes y se premian a las personas que logran un mayor número de respuestas acertadas. Planificar algunas actividades interesantes previas al debate asegura que en el momento de empezar el mismo, ya haya llegado un buen número de asistentes.



Actividades durante el debate



Los juegos y otras actividades planificadas para desarrollarse durante el debate deben tener como objetivo el que las personas le presten más atención a lo que sucede en la pantalla para que sus respuestas sean correctas. Uno de los juegos más populares en los Estados Unidos es una especie de "bingo político." Para esto cada participante recibe un cartón con temas que posiblemente van a tratar los candidatos, palabras que van a usar y gestos que van a hacer, y cada vez que esto suceda las personas pueden marcarlos con una "x" en su cartón.


Por ejemplo, abajo se puede ver un cartón de bingo que se usó durante el primer encuentro entre Trump y Biden. En este caso, se marcaba con una "X" el recuadro correspondiente, si Trump mencionaba conceptos como: "fraude electoral", "Antifa" (grupo activista de izquierda) o "si alababa a Putin". En el caso de Biden se marcaba con una "X" si él decía la palabra "Obama", "Clase media" o si se extendía más del tiempo permitido contando una anécdota. Por supuesto, como en cualquier otro bingo, ganaba la persona que primero llenaba todos los recuadros con "X" o la que tuviera un mayor número de aciertos al final del evento.



Un segundo juego es el de tomar un poco de licor o soda cada vez que los candidatos dicen o hacen algo que aparece en un listado. Abajo de puede ver un ejemplo con una serie de palabras, frases y gestos que, en caso de ser pronunciadas o emitidas por Trump, hacen que las personas deban beber un sorbo. Por ejemplo: "yo", "perdedor", "China" y "Muro", la frase "Nos están matando" y el gesto de mover sus ojos en circulo (rolling his eyes).


También se acostumbra a hacer apuestas prediciendo los temas de políticas públicas que los candidatos van a presentar, o inclusive cosas más sencillas como, por ejemplo, cual es el país extranjero o la ciudad de Estados Unidos que primero se va a mencionar. Los ganadores de estos juegos reciben premios de los organizadores. La idea de estas actividades no es solo entretener a la audiencia, sino que los asistentes le presten la mayor atención posible a lo que ocurre en pantalla.


Cuando las fiestas para ver los debates se organizan con un enfoque más académico, se acostumbra a nombrar personas o grupos para que después de la transmisión hagan un análisis de cada uno de los candidatos que participó en el evento. Por ejemplo, en el caso del próximo encuentro presidencial entre Trump y Biden (22 de octubre), un grupo analizaría lo que Trump dice y los objetivos que está buscando con sus intervenciones. Otro haría lo mismo con Biden. Un tercer grupo evaluaría el rol del moderador. A pesar de que no es el caso en este debate, un cuarto grupo se referiría a la audiencia, si esta pudiera participar con preguntas. Esta dinámica es particularmente útil en debates de internas de los partidos políticos, cuando es difícil préstale la misma atención a 8 o 10 precandidatos, que interactúan en un mismo evento.



Al finalizar la transmisión del debate, no es raro que los asistentes a la fiesta se involucren en una discusión donde se comparen las expectativas previas que se tenían, con lo que se vio y se escuchó de los candidatos. En otras ocasiones, el moderador de la reunión presenta algún argumento que el candidato opositor haya expuesto y da premios a los participantes que mejor puedan debatir esa posición.


Por supuesto, en caso de que se hayan realizado los juegos durante el debate, este es el momento para reconocer y premiar a los ganadores. En ocasiones, también se puede hacer una votación para elegir al candidato que mejor le fue en el encuentro. Al igual que con otros eventos de campaña, es importante que antes de que la reunión concluya, los participantes escriban su nombre y correo electrónico donde puedan ser contactados para otras actividades.





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Este artículo fue escrito por Mauricio Florez Morris, Ph.D. El autor ha sido profesor en las facultades de Ciencia Política y Sociología en University of Maryland, George Washington University, Georgetown University, y North Virginia Community College en los Estados Unidos. En la Universidad del Rosario y la Universidad Javeriana en Colombia, al igual que en la Universidad de Buenos Aires y la Universidad del Salvador en la Argentina.

Su actual interés académico se centra en temas relacionados con los estudios de opinión pública, campañas electorales, marketing, liderazgo y psicología política. Es miembro de la American Association of Political Consultants (AAPC), la American Political Science Association (APSA) y la American Sociological Association (ASA), al igual que de la Asociación Colombiana de Consultores Políticos (ACOPOL). Ha trabajado en campañas electorales para organizaciones afiliadas al Partido Demócrata en los Estados Unidos.

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